Rabia en perros

La rabia es una enfermedad muy vieja, tal vez tan vieja como la propia humanidad. Tres mil años antes de Jesucristo ya se encuentra el origen de la palabra “rabia” en la lengua sánscrita, donde “Rabhas” significa “agredir”. La palabra griega “lyssa” viene de la raíz “lud”: “violento”.

La primera descripción de la enfermedad se remonta al siglo XIII antes de Jesucristo, en el Código Eshuma en Babilonia. Desde la antigüedad ya se había establecido la relación entre la rabia humana y la rabia debida a mordeduras de los animales (especialmente perros).

perro con rabia

En 1530, Girolamo Fracastoro, sabio italiano nacido en Verona, describió la enfermedad (que había podido observar en numerosos pacientes) y sus modos de contaminación.
Durante el siglo XIX la rabia canina o rabia de la calle es por dondequiera un verdadero flagelo, particularmente en Europa. El miedo a la rabia, debido a su modo de contaminación y a la ausencia de tratamiento eficaz, se había vuelto irracional. Las personas mordidas por un perro sospechoso de rabia se suicidaban o eran sacrificadas.
El primer tratamiento post-exposición realizado en 1885 por Luis Pasteur, pasando a la historia como uno de los más grandes científicos.

La rabia es una enfermedad infecciosa de origen viral, caracterizada por una encefalomielitis aguda y fatal que afecta, además del hombre, a gran número de animales, tanto domésticos como salvajes. La mortalidad es casi del 100%.
Todos los animales de sangre caliente son hospedadores válidos; no obstante su susceptibilidad varía en función de la especie, pudiendo actuar como vectores del virus rábico tanto los animales salvajes como los domésticos

Epidemiología

Desde el punto de vista epidemiológico existen dos formas de presentación de la rabia:
la rabia urbana, con el perro como vector fundamental, y la rabia silvestre, cuyos vectores son los animales salvajes.

Como se ha observado, la situación de la rabia en el mundo evoluciona constantemente.
En las diferentes regiones del planeta la enfermedad se presenta de acuerdo a la situación ecológica y socioeconómica de las mismas.

En el conjunto de América Latina, un programa de vacunación ha permitido disminuir el número de casos de rabia humana (alrededor de 200 casos por año). Aparte de la rabia canina, los murciélagos vampiros (Desmodus rotundum) son un reservorio importante de la rabia, transmitiendola a humanos y animales domésticos de cría. Los bovinos son muy atacados (rabia desmodina).

Un informe publicado en diciembre de 1996 sobre la vigilancia de la rabia en los Estados Unidos describe una situación compleja. En 1995, 7877 casos no humanos son declarados rabiosos, con una mayoría de animales salvajes (92%). Los principales animales incriminados son los ratones lavadores, las mofetas, los zorros y los coyotes. El murciélago juega un papel importante por ser responsable de muertes humanas (alrededor de 3 a 5 casos humanos son registrados todos los años).

En Europa la historia de la rabia ha evolucionado mucho en el curso del último siglo. Luego de la erradicación de la rabia canina gracias a la vacunación de los perros domésticos y de la eliminación de perros callejeros, varios países de Europa del Oeste han permanecido indemnes de rabia durante períodos más o menos largos.

Al final de la última guerra mundial, la adaptación del virus rábico a los zorros ha permitido a la rabia invadir numerosos países. La caza de zorros y la utilización de veneno no disminuyeron la rabia vulpina en Europa. No ha sido hasta la utilización de vacunas antirrábicas contenidas en los cebos que el número de casos de rabia ha disminuido sensiblemente en toda Europa. En Francia, ésta disminución ha sido particularmente remarcable.

Los casos de rabia humana originarios son escasos en Europa. Ocurren sobre todo en los países del este europeo donde la rabia canina es importante (menos de 10 casos por año). Excepcionalmente, las personas mordidas en regiones de rabia endémica (África, Asia) desarrollan la enfermedad en un país europeo.

En Asia, el principal vector de la rabia es el perro. El continente asiático tiene la mayor cantidad de casos de rabia en seres humanos. Es generalmente admitido que el número estimado de muertos (cifra superior al número oficialmente declarado) es del orden de 40.000, lo que representa más del 95% de todos los casos mundiales. Ciertos países han establecido programas nacionales de lucha contra la rabia que han hecho disminuir sensiblemente el número de víctimas fatales (China, Indonesia, Malasia, Tailandia).

En África, el perro continúa siendo el principal vector de rabia (alrededor del 90%). Más de 4.000 casos de rabia animal han sido diagnosticados (informe de la OMS), que no reflejan sino una parte de la situación de la rabia en África.
Alrededor de 100-200 personas mueren de rabia cada año. Sin embargo, en la mayoría de esos casos, el diagnóstico es únicamente clínico. Al igual que en Asia, hay verdaderamente una subestimación del número de casos de rabia.

El mayor riesgo de contraer rabia se encuentra en África, Asia y Latinoamérica, ya sea por animales salvajes (zorros, murciélagos, monos, lobos, chacales, etc.), o con mayor frecuencia por perros vagabundos.
Si bien afecta a todas las edades, la rabia se observa con mayor frecuencia en niños menores de 15 años, con unos 40 casos producidos en niños de entre 5 y 14 años de edad.

Etiología

El agente etiológico es el Lissavirus, un ARN virus de la familia de los Rabdoviridae (forma de bala) de 180 x 75 nm, con trofismo (afinidad) por el sistema nervioso central y que produce cuerpos de inclusión intracitoplasmático. Es sensible a los solventes de las grasas, motivo por el cual se debe recordar que lo inactivan el jabón y/o detergentes, las soluciones de yodo, el formol al 1 % y las temperaturas superiores a los 60 º C.

Entre los 4 serotipos de lisavirus actualmente reconocidos, el serotipo 1 es el responsable de la rabia clásica de los animales terrestres. Los demás serotipos presentan diferencias epidemiológicas y antigénicas con la rabia propiamente dicha.
Los virus de la rabia identificados recientemente en quirópteros (murciélagos) europeos se clasifican actualmente como serotipo 4.

Transmisión

La transmisión del virus rábico se produce, fundamentalmente, mediante la mordedura de un animal enfermo, o cuando su saliva se pone en contacto íntimo con heridas frescas y abiertas.
Por regla general se calcula un período de incubación de 2 a 8 semanas, no obstante en ocasiones puede ser de tan sólo 10 días. También se describen casos en los que el período de incubación es de 1 año o más. Dependiendo fundamentalmente este período de la localización de la herida, en función de la cantidad de tejido nervioso afectado, su distancia al cerebro, virus rábico introducido, protección conferida con la ropa, etc.
El período de transmisibilidad de un perro enfermo de rabia comprende desde que empieza a eliminar el virus por la saliva hasta que muere, no siendo este período generalmente superior a 10 días. Por lo tanto, los 14 días que la legislación española determina como obligatorios para mantener a un perro en observación, contados a partir de haber producido una mordedura, son suficientes para asegurar, si es que el animal sigue con vida, que no ha podido transmitir esta enfermedad mediante esa agresión.

Patogenia

La mayoría de las infecciones ocurren por deposición de saliva infectada en músculos o membranas mucosas.
Después de la replicación (multiplicación viral), el virus se desplaza a través de los nervios periféricos hasta la médula espinal y asciende al cerebro.
Después de llegar al cerebro, el virus viaja desde el Sistema Nervioso Central y llega a las glándulas salivales a través de los nervios que las inervan. Puede ocurrir la difusión hematológica (a través de la sangre), pero es rara.

Sintomatología

El curso clínico en el perro puede dividirse en tres fases: la prodrómica, la excitante y la paralítica.
En la llamada “rabia furiosa”, predomina la fase excitante. En el caso de la “paralítica” la fase excitante es extremadamente corta o está ausente y la enfermedad progresa rápidamente a la fase paralítica.
El primer signo es un cambio en el comportamiento, difícil de distinguir del provocado por otras causas como un trastorno digestivo, un cuerpo extraño en la boca, alguna enfermedad infecciosa inicial o envenenamiento. Los animales normalmente dejan de comer y de beber y tienden a aislarse. Puede ocurrir un aumento en la frecuencia de las micciones (orinado), como también la erección del pene en el macho, con un comportamiento hipersexual. Después de la fase prodrómica, de 1 a 3 días, el perro rabioso muestra signos de parálisis o se vuelve agresivo.

La rabia furiosa representa el síndrome de perro rabioso clásico, en la cual el animal se vuelve agresivo en forma irracional. El perro ataca y muerde a otros animales, personas, incluso a objetos, con el más leve estímulo. La expresión facial es de estado de alerta y de ansiedad, con las pupilas dilatadas.
Los perros rabiosos tragan objetos extraños como materia fecal, piedras y palos. Otra característica es la falta de temor. La enfermedad evoluciona rápidamente con falta de coordinación muscular, convulsiones y parálisis progresiva que culminan con la muerte del perro unos 10 días después de aparecer los primeros signos de la enfermedad.

La forma paralítica se caracteriza por una parálisis inicial de la garganta y los músculos de la mandíbula, con salivación abundante e incapacidad de tragar. Da la sensación como que el perro tiene algún cuerpo extraño en su boca. Estos animales no se comportan agresivamente y rara vez tratan de morder. La parálisis progresa extendiéndose al resto del cuerpo y a los pocos días sobreviene el coma y la muerte.

Medidas para prevenir la rabia

  • Debe tener a su perro vacunado anualmente contra la rabia. Hágalo también con su gato u otra mascota susceptible a la enfermedad. Cualquier mascota que esté en contacto con animales salvajes corre riesgo de contagio. Muchas dependencias de salud pública en todo el mundo conducen campañas periódicas y gratuitas de vacunación antirrábica. Su veterinario está también habilitado para vacunar contra esta grave enfermedad.
  • Si su perro ha sido mordido o atacado por un animal salvaje o tiene heridas semejante a mordeduras de origen desconocido, higienice las heridas con abundante agua y jabón y comuníquese con la dependencia sanitaria u oficina de control animal local y denuncie el incidente.
  •  Si su perro mordió a una persona, informe inmediatamente a la dependencia sanitaria local.
  • Si observa que su perro cambia de conducta, llévelo al veterinario para que lo revise.
  • Mantenga a su perro lejos del contacto con perros desconocidos o animales salvajes.
  • Reporte la presencia cercana de animales extraños a la dependencia sanitaria u oficina de control animal local para que lo pueda inspeccionar y actuar en consecuencia.
  •  No alimente o manipule animales extraños, tanto salvajes como domésticos, especialmente aquellos que aparecen agresivos o enfermos.
  • Nunca mantenga como mascotas a animales salvajes.

 

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